Como cada mañana, la guardería abre las puertas a los padres y a las madres más tempraneras. Los más pequeños empiezan a dar vida en las aulas entre los abrazos y los besos de sus maestras. Algunos hacen su primera comida del día, mientras el resto descubren los nuevos juguetes del aula.

Las puertas grandes se abren, sueño las 8:50h, y los alumnos entran al patio entre saltos y sonrisas. Todos saben cuál es su lugar, las miradas de los maestros los van guiando y pausadamente empiezan a hacer la fila que los llevará a su aula. La música suena y sus notas desfilan escaleras arriba y acompañan los alumnos en sus aulas. Es hora de ponerse la bata y los más pequeños, los de P3, intentan entre malabares abrocharse los primeros botones. Los de P4, más maduros y seguros, recitan los días de la semana en voz alta. Desde el pasillo sentimos como el encargado de P5 canta la previsión del tiempo con el visto bueno del resto de compañeros. Finalmente, subimos un piso más y nos reencontramos con los alumnos de primaria. Observamos la evidente diferencia. El silencio se pasea por el aula entre miradas de sorpresa y complicidad. Todos escuchan atentamente. Hoy como cada día todo será diferente.